La aguja de temperatura empieza a subir y lo primero que piensas es que algo grave le pasó al motor. Pero muchas veces la causa es más sencilla de lo que parece.
El sistema de enfriamiento funciona como un circuito: la bomba de agua mueve el refrigerante por el motor, ahí se calienta, y luego pasa al radiador, donde el aire y el ventilador lo enfrían para que vuelva a empezar. Si una sola pieza de ese circuito falla, el calor ya no sale como debería.
La causa más común es tan simple como un nivel bajo de refrigerante, por una fuga pequeña en una manguera o en el radiador. Otra muy frecuente es el termostato: si se queda cerrado, el líquido no puede llegar al radiador. ¿Y la bomba de agua? Con los años se desgasta y deja de mover el refrigerante con la fuerza necesaria.
También puede ser el radiador tapado, ya sea por sarro dentro de sus tubos o por basura y bichos pegados por fuera. La tapa del radiador cuenta, porque si no sella, el sistema pierde presión. Y el ventilador es clave cuando el carro va lento o detenido.
Un truco para darte una idea: si el carro se calienta solo en el tráfico, lo más probable es que el ventilador no esté encendiendo a tiempo. Si se calienta en carretera, conviene revisar el radiador, la bomba o el termostato 🔧
Y un recurso que pocos conocen: si en algún momento la temperatura empieza a subir, encender la calefacción al máximo ayuda a bajarla un poco. La calefacción funciona como un pequeño radiador dentro del carro y saca parte del calor del motor mientras llegas a un lugar seguro.